¿Por qué te vas?
-- INTRO --
Escuché esta canción hará unas tres semanas, de casualidad, en el Zorro.
Había un concierto al que llegamos al final y creo que la tocaron en el bis.
Al poco de escuchar las primeras notas supe que sería buena.
Al terminar, supe que quería escribir algo relacionado con ella.
Gracias a Licor de Pájaro por hacerla, y por dejarme usarla.
-- INTRO --
Tantas cosas repletas de significado en su profunda simplicidad habían quedado sin decir...
"Te quiero", "te he echado de menos", "perdóname, tú tienes razón".
Pero ni uno ni otro lo habían dicho, él por orgullo, ella por miedo.
En el fondo, a los dos los enjaulaban los mismos sentimientos, presos de su propia soberbia.
Aunque la llave de la celda la tenían al alcance de la mano, sus propias cadenas les habían impedido cogerla.
- El orgullo no es sino el miedo a comprobar la propia falibilidad. - le dijo Narod - Distintos nombres para el mismo monstruo que se sentaba cada día entre ambos convirtiendo el sofá en un cuadrilátero. Y se trata de un monstruo difícil de vencer, pues para ello primero debes rendirte. -
Las lágrimas de Araya mojaban la tela de la camiseta de Narod volviendo oscuro el tejido, un curioso homenaje a los sentimientos que les daban vida.
- La línea que separa un gran momento de un mal momento es tan fina que en ocasiones la recorremos como un funambulista, sin saber a qué lado caeremos, pero siempre esperando llegar al final. - continuó Narod - Muchas veces ese final es una revelación, es quitarse un peso de encima que, aunque al principio deja secuelas y la espalda dolorida, poco a poco te permite andar como si flotaras. -
- Uff Narod... - Araya se apartó limpiándose los ojos con el dorso de la mano - Lo intenté con tanta fuerza, y llegué tan lejos, pero al final, ni siquiera eso sirvió de nada. ¿Sabes cómo me hace sentir? -
- Claro que sí, impotencia pura. Es culpa de Jalack, y culpa tuya, pero al final ninguno puede controlar sus sentimientos. -
Había sido una relación acelerada.
Juntos desde los dieciocho, la relación había madurado al ritmo que ellos mismos y, de igual manera, había cambiado de carácter y adquirido vicios y virtudes.
Pero su comienzo había sido explosivo como solo puede serlo en la juventud. Mentes ocupadas de continuo con la presencia del otro, descargas de emociones por un simple roce, miradas que decían más que las palabras, rincones oscuros a altas horas de la madrugada.
- Y ahora, ¿qué me queda? - preguntó Araya.
- Ahora te queda una vida por delante, un montón de oportunidades, gente para conocer, posibilidades de felicidad. -
- Sí, toda la teoría la conozco. Recoger los pedazos, reconstruir, mantenerse ocupado, quedar mucho con los amigos... Pero si fuera tan fácil como seguir esas pautas, no sería todo tan difícil. Lo que realmente siento es que... dejamos mucho por hacer. Es lo que realmente siento, como si nos hubiéramos anclado en la conformidad siguiendo los pasos que se esperaban de nosotros. Y eso pudo ser lo que acabó con todo. -
- Bueno, es ley de vida. Hay una evolución lógica de las cosas y momentos y situaciones que ponen a una pareja y a las personas que la componen a prueba. Algunas se superan, otras se fallan. ¿De qué te sirve lamentarte y dar vueltas a todo eso ahora? -
- ¡Ya se que no me sirve para nada! - replicó Araya subiéndose el cuello de la chaqueta - Simplemente, no puedo evitarlo. No dejo de ver pasar los momentos perdidos que ya no podré recuperar. ¿Nunca te ha pasado? -
Narod apartó la mirada de Araya para observar el paso de un anciano con un ramo de flores.
- Sabes perfectamente que sí, pero... no puedo compararme contigo. Lo que ha sucedido entre vosotros... es vuestro, para siempre. Y no hay nada que pueda cambiarlo, por mucho que vengamos a hablar aquí. -
Narod le echó un brazo por los hombros y la atrajo hacia él.
- Eres resistente, ambos somos hijos de nuestros padres. Saldrás adelante, y lo sabes, es solo que, ahora mismo, el dolor no te deja ver las cosas con claridad. Vamos, recogemos unas cosas de tu casa y te quedas en la mía lo que haga falta. -
Con paso lento, se alejaron de allí.
Era pleno otoño y los árboles ya estaban perdiendo sus hojas a un ritmo constante.
El viento, jugando como un niño caprichoso, fue acumulando las hojas sobre la lápida hasta taparla casi por completo.
Al final, sólo se podía leer una palabra.
Jalack.

-- Relatos Inconexos --
Escuché esta canción hará unas tres semanas, de casualidad, en el Zorro.
Había un concierto al que llegamos al final y creo que la tocaron en el bis.
Al poco de escuchar las primeras notas supe que sería buena.
Al terminar, supe que quería escribir algo relacionado con ella.
Gracias a Licor de Pájaro por hacerla, y por dejarme usarla.
-- INTRO --
Tantas cosas repletas de significado en su profunda simplicidad habían quedado sin decir...
"Te quiero", "te he echado de menos", "perdóname, tú tienes razón".
Pero ni uno ni otro lo habían dicho, él por orgullo, ella por miedo.
En el fondo, a los dos los enjaulaban los mismos sentimientos, presos de su propia soberbia.
Aunque la llave de la celda la tenían al alcance de la mano, sus propias cadenas les habían impedido cogerla.
- El orgullo no es sino el miedo a comprobar la propia falibilidad. - le dijo Narod - Distintos nombres para el mismo monstruo que se sentaba cada día entre ambos convirtiendo el sofá en un cuadrilátero. Y se trata de un monstruo difícil de vencer, pues para ello primero debes rendirte. -
Las lágrimas de Araya mojaban la tela de la camiseta de Narod volviendo oscuro el tejido, un curioso homenaje a los sentimientos que les daban vida.
- La línea que separa un gran momento de un mal momento es tan fina que en ocasiones la recorremos como un funambulista, sin saber a qué lado caeremos, pero siempre esperando llegar al final. - continuó Narod - Muchas veces ese final es una revelación, es quitarse un peso de encima que, aunque al principio deja secuelas y la espalda dolorida, poco a poco te permite andar como si flotaras. -
- Uff Narod... - Araya se apartó limpiándose los ojos con el dorso de la mano - Lo intenté con tanta fuerza, y llegué tan lejos, pero al final, ni siquiera eso sirvió de nada. ¿Sabes cómo me hace sentir? -
- Claro que sí, impotencia pura. Es culpa de Jalack, y culpa tuya, pero al final ninguno puede controlar sus sentimientos. -
Había sido una relación acelerada.
Juntos desde los dieciocho, la relación había madurado al ritmo que ellos mismos y, de igual manera, había cambiado de carácter y adquirido vicios y virtudes.
Pero su comienzo había sido explosivo como solo puede serlo en la juventud. Mentes ocupadas de continuo con la presencia del otro, descargas de emociones por un simple roce, miradas que decían más que las palabras, rincones oscuros a altas horas de la madrugada.
- Y ahora, ¿qué me queda? - preguntó Araya.
- Ahora te queda una vida por delante, un montón de oportunidades, gente para conocer, posibilidades de felicidad. -
- Sí, toda la teoría la conozco. Recoger los pedazos, reconstruir, mantenerse ocupado, quedar mucho con los amigos... Pero si fuera tan fácil como seguir esas pautas, no sería todo tan difícil. Lo que realmente siento es que... dejamos mucho por hacer. Es lo que realmente siento, como si nos hubiéramos anclado en la conformidad siguiendo los pasos que se esperaban de nosotros. Y eso pudo ser lo que acabó con todo. -
- Bueno, es ley de vida. Hay una evolución lógica de las cosas y momentos y situaciones que ponen a una pareja y a las personas que la componen a prueba. Algunas se superan, otras se fallan. ¿De qué te sirve lamentarte y dar vueltas a todo eso ahora? -
- ¡Ya se que no me sirve para nada! - replicó Araya subiéndose el cuello de la chaqueta - Simplemente, no puedo evitarlo. No dejo de ver pasar los momentos perdidos que ya no podré recuperar. ¿Nunca te ha pasado? -
Narod apartó la mirada de Araya para observar el paso de un anciano con un ramo de flores.
- Sabes perfectamente que sí, pero... no puedo compararme contigo. Lo que ha sucedido entre vosotros... es vuestro, para siempre. Y no hay nada que pueda cambiarlo, por mucho que vengamos a hablar aquí. -
Narod le echó un brazo por los hombros y la atrajo hacia él.
- Eres resistente, ambos somos hijos de nuestros padres. Saldrás adelante, y lo sabes, es solo que, ahora mismo, el dolor no te deja ver las cosas con claridad. Vamos, recogemos unas cosas de tu casa y te quedas en la mía lo que haga falta. -
Con paso lento, se alejaron de allí.
Era pleno otoño y los árboles ya estaban perdiendo sus hojas a un ritmo constante.
El viento, jugando como un niño caprichoso, fue acumulando las hojas sobre la lápida hasta taparla casi por completo.
Al final, sólo se podía leer una palabra.
Jalack.

-- Relatos Inconexos --


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