Luminoso
-- INTRO --
Después de un tiempo esperando la crítica correcta, alguien me dijo que los relatos eran oscuros, casi tenebrosos.
No creo que la tendencia cambie, pero aquí viene un intento.
En su honor, hilandera.
-- INTRO --
Acompasando sus movimientos al vaivén al que sometían las olas al barco, Jalack recorrió como una ardilla todo lo largo de la cubierta haciendo equilibrios sobre la barandilla.
Con doce años, pasar dos de ellos a bordo del Aurora, le habían hecho lo suficientemente ágil como para circular por donde los demás marineros no podían.
Barandillas, cuerdas, postes, nada era terreno imposible para él, lo cual le facilitaba las tareas de mensajero entre el castillo de capitanía y la cubierta de remeros.
Llevaban 3 semanas en mar abierto siguiendo la pista de las crisas, los enormes mamíferos marinos que surcaban esas aguas. El alimento principal de las crisas eran los preciados parsis, unos pescados de forma estilizada, de una largura que rondaba las dos brazas y carne de alto contenido en grasa, lo que los convertía en un manjar.
Se trataba de una pesca de alta mar, pues buscaban las aguas frías, y esto encarecía el coste de la captura en los puertos. Un cargamento de parsi bien podía comprar una villa en cualquier ciudad del mundo y proveer alimentos para un año.
El método era relativamente sencillo. Se avistaba una manada de crisas, se seguía su pista hasta que encontraban un banco de parsis y, después de que se hubieran alimentado, se procedía a pescar lo que se pudiera.
Nunca se interfería con la alimentación de las crisas. Eran unos seres pacíficos excepto cuando estaban cazando. En ese momento eran capaces de hundir al mejor barco de guerra si se sentían amenazadas.
Lucian, el contramestre, era un hombre compacto, enjuto, de mirada penetrante y eterno cigarrillo en la boca. Cuando lo miraba, a veces Jalack tenía la impresión de que hubiera sido tallado a partir de la madera del mástil. Jamás lo había visto tener que sujetarse a ningún sitio, fuera cual fuese la intensidad de la tormenta que afrontara el Aurora. Ni siquiera se explicaba cómo lograba mantener el cigarro encendido cuando las olas rompían por toda la cubierta, pero lo hacía.
- Contramaestre, el capitán quiere un informe sobre la situación - dijo Jalack desde la barandilla.
Norma número uno, evita siempre ponerte en el camino de los demás marineros.
- Sin novedades, Jalack. Las crisas siguen unas 2 millas delante nuestro y no se han sumergido todavía. - contestó Lucian sin apartar la vista del catalejo. - Informa al capitán y tráeme una infusión de las cocinas -
- ¡En seguida Lucian! -
Norma número dos, haz lo que te ordenan, rápido y sin protestar, aunque no sea parte de tus funciones normales.
- ¡Camarero! ¡Tráeme un buen licor a mí también! - dijo entre risas el timonel.
- Por las tetas de Miera, déjalo tranquilo, Malik. A su edad cuando te decían que saltaras, tú también respondías preguntando hasta qué altura - recriminó Lucian a Malik.
Una sonrisa se insinuaba en sus labios mientras el timonel se carcajeaba con grandes aspavientos.
Jalack regresaba de vuelta a capitanía cuando a medio camino lo interrumpieron los gritos del vigía.
- ¡¡Vela al oeste!! ¡Se acerca rápido con todo el velamen desplegado! ¡Bandera negra!-
Bandera negra. Eso sólo tenía un significado y Jalack echó a correr. A su alrededor toda la tripulación se puso en movimiento sin necesidad de órdenes directas.
Eran profesionales y sabían cuál era su lugar ante un avistamiento pirata.
El de Jalack estaba al lado del capitán como enlace con la zona del barco que hiciera falta.
El capitán salió a cubierta. Era un tipo extraño, que desentonaba con el concepto de capitán de navío tradicional.
En lugar del capitán tosco, barbudo y de mano rápida e insulto más veloz, el capitán Liren era un hombre culto, de modales refinados y gestos un poco amanerados. Sin embargo, pese a estas características, era conocido por ser un marinero nato, de nervios de acero y sangre fría cuando la situación lo requería.
Había sobrevivido batallas y tormentas y siempre había conseguido llevar sus naves a puerto, razón por la cual, siendo como era un excepción, los marineros servían con gusto bajo sus órdenes.
Con órdenes rápidas y escuetas puso a la tripulación a trabajar dirigiendo la proa al este y desplegando todas las velas para aprovechar al máximo la potencia del viento.
Después desplegó su propio catalejo y se aproximó a popa para observar al perseguidor.
Pasaron así diez tensos minutos. Liren estático, compensando el baibén del barco con las rodillas semiflexionadas y mirando fijamente por el catalejo.
- Jalack - masculló - comunica a Lucian que se trata del Janan. -
Jalack se quedó de piedra y por un momento no reaccionó.
- ¡¡Demonios, date prisa chico!! - volvió a decir entre dientes el capitán apartando la vista del catalejo un momento.
Jalack se puso en movimiento mientras su cabeza daba vueltas a toda velocidad pensando en las implicaciones de esas palabras.
Se trataba del Janan, una embarcación rápida, de proa afilada y diseño inimitable.
Cortaba las olas como un cuchillo y era de sobras conocido que no se podía escapar de ella sin presentar batalla.
Y, claramente, no eran un barco de batalla. Las cosas pintaban muy mal para todos los de a bordo.
Asumirían puestos de batalla pero apenas tenían unos mosquetes mientras que el Janan iba equipado con cañones y piratas diestros en el abordaje y combate cuerpo a cuerpo.
- Contramaestre, comunica el capitán que se trata del Janan -
Los ojos de Lucian se alzaron y miraron hacia la silueta que se hacía más grande a cada momento y su mandíbula se tensó visiblemente.
Tras unos momentos asintió para si mismo y bajó la mirada de nuevo.
- Gracias Jalack. ¿Recuerdas esa infusión? Aún estoy esperándola. - dijo Lucian guiñándole un ojo.
Agradecido por tener algo que hacer, Jalack sonrió y se lanzó hacia las cocinas mientras a sus espaldas Lucian anunciaba la situación a los hombres y se desataba el caos.
Una hora después las balas empezaron a levantar surtidores de agua por delante del Aurora. Los piratas, sabedores de su ventaja, habían esperado a realizar disparos seguros de advertencia gracias a su velocidad y al alcance de sus cañones.
Claramente querían la embarcación lo más entera posible y de esta manera les daban a entender que podían hundirlos en cualquier momento.
Las órdenes de Liren fueron parar la embarcación y batirse cuerpo a cuerpo. Tendrían pocas posibilidades, pero al menos tendrían alguna.
- ¡Esperad a que empiecen el abordaje! Recordad, deben pensar que estamos desarmados hasta que estén cruzando, que será cuando más vulnerables sean. -
Lucian daba las últimas instrucciones a la tripulación y Liren se mantenía en primera línea por donde abordarían los piratas.
Era su deber parlamentar con ellos para buscar una solución.
El Janan se acercaba silencioso, su capitán, preparado también para parlamentar mientras su embarcación se abarloaba al Aurora.
Era un hombre que vestía ropas oscuras, con pelo rubio pálido corto, barba de varios días y unos ojos azules brillantes.
Liren alzó la voz.
- ¡Capitán del Janan! ¡Vuestra bandera os identifica como embarcación pirata y... -
Con un movimiento fluido, el capitán del Janan desenfundó un arma y disparó contra Liren, derribándolo con un agujero en el pecho.
- ¡¡Bienvenidos a la zona de peligro!! ¡Dejad vuestras fantasías por imposibles pues no estáis invitados al otro lado de la cordura! - gritó el capitán del Janan y de inmediato sus hombres se lanzaron al abordaje.
Todos en el Aurora se habían quedado paralizados pero el movimiento de los piratas los sacó de su estupor y se aprestaron al combate.
Jalack observaba desde el quicio de la puerta de acceso a bodegas.
Era presa de un intenso miedo, apenas le sostenían las piernas y sorprendido, mientras veía cómo caía delante suyo un marinero con un disparo en una pierna, se fijó en que sus nudillos estaban blancos de la fuerza con la que aferraba la puerta.
"Eres un inútil" pensó.
"Aquí oculto no haces nada, temblando, escondido como un niño de pecho."
Sin apenas ser consciente de lo que hacía, Jalack abrió la puerta y con pasos inseguros salió al pandemónium en que se había convertido la cubierta del Aurora.
Se acercó al marinero caído por la herida en la pierna y empezó a arrastrarlo hacia cubierto. El hombre lo miró agradecido.
- Gracias chico, estás loco y eres más valiente de lo que había imaginado, pero gracias -
En ese momento, un pirata pasó al lado y le cortó la garganta con un movimiento de su sable mientras corría hacia otro marinero que luchaba cerca.
Jalack se cayó al suelo y se quedó sentado.
"Estaba salvándolo, me ha llamado valiente, y el pirata me ha ignorado completamente mientras lo mataba. ¿Tan poco significo?"
Sintió como un grito subía por su garganta como si su alma pugnara por liberarse.
Mientras gritaba, se levantó y echó a correr hacia el Janan. Se plantó delante y alzando los brazos al cielo gritó mientras pulsaciones de luz salían de su cuerpo.
La escena entera quedó iluminada por su resplandor mientras las pulsaciones crecían en intensidad y se desplazaban como ondas por la cubierta.
Jalack bajó ambas manos y las apuntó hacia el Janan, disparando luz en un haz que impactó contra el barco y lo hizo brillar de manera cada vez más intensa hasta que todo lo que podía ver Jalack era luz.
Y luego, nada.
Jalack despertó recostado en cubierta. Sentía un cosquilleo inquientante por todo el cuerpo y tenía una sed terrible.
Había una botella de agua cerca y bebió con ansia mientras observaba a su alrededor.
Manchas de sangre se adivinaban a lo largo de toda la cubierta, varios cuerpos amortajados a un lado y marineros que iban y venían atareados eran todo lo que podía ver. La mayoría lucía distintos tipos de heridas pero ninguna de gravedad. Jalack supuso que los graves estarían bajo cubierta.
Poco a poco se fueron deteniendo al verlo despierto y lo miraron fijamente.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó.
Un marinero cercano fue el único en hablar.
- Que alguien avise al capitán. -
Al ir a dejar la botella de nuevo en el suelo, Jalack vio su reflejo en el cristal y observó que tenía el pelo blanco. Se miró los brazos y el vello también había cambiado de color. Su piel, sin embargo, seguía morena y curtida por el aire y trabajo en la mar.
Lucian se acercó deprisa alejando a los marineros a grandes voces y ordenándoles que regresaran a sus tareas.
Jalack se fue a levantar pero Lucian, con un gesto, lo paró y se sentó a su lado.
- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué tengo el pelo blanco? ¿Dónde están los piratas? ¿Por qué me miran todos así? - Jalack lanzaba las preguntas como flechas y Lucian levantó una mano para frenarlo.
- Escúchame atentamente Jalack. - dijo mirándolo fijamente - Te lo contaré una única vez. Tendrás tiempo de hablarlo con los demás marinos en cuanto todos se hayan acostumbrado a la nueva situación. -
Sacó un pitillo, lo encendió y empezó a fumar con calma, saboreando el tabaco.
- El capitán Liren está muerto, lo viste, ¿verdad? - Jalack asintió con la cabeza.
- Bien, ahora yo ejerzo de capitán hasta que lleguemos a puerto. El Janan ha sido destruido, no se exactamente cómo, pero fue obra tuya -
La cara de Jalack reflejó sorpresa e hizo ademán de volver a preguntar pero, de nuevo, Lucian lo cortó con un gesto.
- La lucha iba mal, nos iban a superar completamente hasta que hiciste lo que quiera que hiciste. Sólo se que empezaste a brillar Jalack. Un resplandor como jamás he visto. Te juro por Miera, diosa del mar, que aún puedo verlo si cierro los ojos y lo mismo le ocurre a otros, he preguntado.
Gritabas palabras extrañas mientras brillabas y, lo creas o no, un pirata intentó atacarte y su hoja simplemente rebotó en tu espalda. Lanzaste lo que sólo puedo llamar un chorro de luz al Janan y este brilló cada vez más hasta que tuvimos que apartar la vista. Nadie pudo mantener la mirada fija, dolía demasiado. Después, simplemente, el Janan estaba hecho pedazos y hundiéndose. -
Lucian le tendió el pitillo.
- Prueba, parece que te puede ir bien. -
Jalack, estupefacto, dio una calada y empezó a toser con fuerza. Lucian asintió satisfecho y recuperó el cigarro.
- Perfecto, no vuelvas a hacerlo hasta que tengas la edad adecuada. Era una prueba para comprobar si seguías siendo humano. Veo que sí. Iluminado puedes rechazar espadas pero tu cuerpo sigue siendo normal el resto del tiempo - volvió a asentir para si mismo.
- Cuando todo acabó estabas desmayado en cubierta, con el pelo blanco pero intacto por lo demás. Tienes suerte de que Malik estuviera rápido, pues organizó un círculo defensivo a tu alrededor antes de que los piratas que quedaban te atacaran. Sólo unos pocos quisieron seguir luchando después de lo que vimos. Están todos atados en un bote que llevamos amarrado a popa.
Al principio no nos atrevíamos a tocarte. Malik se mantuvo a tu lado vigilando todo el rato mientras se calmaban las cosas y pasado un rato te arrastraron hasta aquí con cuidado. -
Lucian miró a Jalack de nuevo.
- Ahora es cuando puedes empezar a preguntar - dijo Lucian alzando las cejas.
Jalack se miró las manos.
- ¿Qué soy? - preguntó.
- No lo sé. - respondió Lucian.
- He matado a gente... con magia. Soy un monstruo entonces. -
- No Jalack. Nos has salvado a todos haciendo algo. Si es magia u otra cosa no me corresponde a mi decirlo, sino a gente más instruida. Y, por supuesto, no eres un monstruo. Sigues siendo un chico, especial, pero un chico. -
- Pero he visto cómo me miran todos. - Alzó la mirada y observó alrededor.
Todos los marineros cercanos estaban muy ocupados haciendo ver que no prestaban atención a Lucian y Jalack. Y fallando estrepitosamente.
Malik, sin embargo, permanecía quieto a unos metros, los brazos cruzados y la mirada fija. Cuando se cruzaron sus miradas hizo un gesto de respeto con la cabeza y empezó a acercarse.
- Te miran porque eres algo nuevo, pero durará poco, ya sabes cómo son. Incluso empiezan a hablar de ponerte un mote nuevo. Destellos, Lucero... van sonando por ahí. - bromeó Lucian.
Jalack lo miró atónito.
"¿Me están poniendo motes?"
- Tienes que aprender a manejar tu poder - dijo Malik de pie ante él - Si puedes aprender a controlarlo te espera un futuro increíble. Lucian, algunos chicos y yo vamos a ayudarte. -
- ¿Cómo y... por qué? - preguntó Jalack.
- Primero, - dijo Lucian levantándose - porque nos has salvado la vida a todos. Malik lo vio claro desde el principio, tenemos una deuda contigo. -
- Segundo, - continuó Malik - porque si realmente puedes volver a usar ese poder como creemos, vas a necesitar gente que te proteja y apoye. -
- Y tercero y último, - terminó Lucian dándole la mano y levantándolo - porque queremos y podemos. -
Varios marineros se habían parado cerca y miraban en silencio.
- Adelante chico - dijo Lucian haciendo un gesto con la cabeza hacia el grupo que se había reunido - ve a hablar con ellos. Creo que esperan su turno para darte las gracias. -
- Gr... gracias. A ambos. - respondió Jalack sin saber muy bien qué decir.
Echó a andar hacia los marineros y estos se abrieron en abanico para recibirlo.
"La oscuridad no puede expulsar la oscuridad.
Solo la luz puede hacerlo."
Martin Luther King
"Wellcome to the danger zone, step into the fantasy, you're not invited to the other side of sanity."
Kanye West
-- Relatos inconexos --
Después de un tiempo esperando la crítica correcta, alguien me dijo que los relatos eran oscuros, casi tenebrosos.
No creo que la tendencia cambie, pero aquí viene un intento.
En su honor, hilandera.
-- INTRO --
Acompasando sus movimientos al vaivén al que sometían las olas al barco, Jalack recorrió como una ardilla todo lo largo de la cubierta haciendo equilibrios sobre la barandilla.
Con doce años, pasar dos de ellos a bordo del Aurora, le habían hecho lo suficientemente ágil como para circular por donde los demás marineros no podían.
Barandillas, cuerdas, postes, nada era terreno imposible para él, lo cual le facilitaba las tareas de mensajero entre el castillo de capitanía y la cubierta de remeros.
Llevaban 3 semanas en mar abierto siguiendo la pista de las crisas, los enormes mamíferos marinos que surcaban esas aguas. El alimento principal de las crisas eran los preciados parsis, unos pescados de forma estilizada, de una largura que rondaba las dos brazas y carne de alto contenido en grasa, lo que los convertía en un manjar.
Se trataba de una pesca de alta mar, pues buscaban las aguas frías, y esto encarecía el coste de la captura en los puertos. Un cargamento de parsi bien podía comprar una villa en cualquier ciudad del mundo y proveer alimentos para un año.
El método era relativamente sencillo. Se avistaba una manada de crisas, se seguía su pista hasta que encontraban un banco de parsis y, después de que se hubieran alimentado, se procedía a pescar lo que se pudiera.
Nunca se interfería con la alimentación de las crisas. Eran unos seres pacíficos excepto cuando estaban cazando. En ese momento eran capaces de hundir al mejor barco de guerra si se sentían amenazadas.
Lucian, el contramestre, era un hombre compacto, enjuto, de mirada penetrante y eterno cigarrillo en la boca. Cuando lo miraba, a veces Jalack tenía la impresión de que hubiera sido tallado a partir de la madera del mástil. Jamás lo había visto tener que sujetarse a ningún sitio, fuera cual fuese la intensidad de la tormenta que afrontara el Aurora. Ni siquiera se explicaba cómo lograba mantener el cigarro encendido cuando las olas rompían por toda la cubierta, pero lo hacía.
- Contramaestre, el capitán quiere un informe sobre la situación - dijo Jalack desde la barandilla.
Norma número uno, evita siempre ponerte en el camino de los demás marineros.
- Sin novedades, Jalack. Las crisas siguen unas 2 millas delante nuestro y no se han sumergido todavía. - contestó Lucian sin apartar la vista del catalejo. - Informa al capitán y tráeme una infusión de las cocinas -
- ¡En seguida Lucian! -
Norma número dos, haz lo que te ordenan, rápido y sin protestar, aunque no sea parte de tus funciones normales.
- ¡Camarero! ¡Tráeme un buen licor a mí también! - dijo entre risas el timonel.
- Por las tetas de Miera, déjalo tranquilo, Malik. A su edad cuando te decían que saltaras, tú también respondías preguntando hasta qué altura - recriminó Lucian a Malik.
Una sonrisa se insinuaba en sus labios mientras el timonel se carcajeaba con grandes aspavientos.
Jalack regresaba de vuelta a capitanía cuando a medio camino lo interrumpieron los gritos del vigía.
- ¡¡Vela al oeste!! ¡Se acerca rápido con todo el velamen desplegado! ¡Bandera negra!-
Bandera negra. Eso sólo tenía un significado y Jalack echó a correr. A su alrededor toda la tripulación se puso en movimiento sin necesidad de órdenes directas.
Eran profesionales y sabían cuál era su lugar ante un avistamiento pirata.
El de Jalack estaba al lado del capitán como enlace con la zona del barco que hiciera falta.
El capitán salió a cubierta. Era un tipo extraño, que desentonaba con el concepto de capitán de navío tradicional.
En lugar del capitán tosco, barbudo y de mano rápida e insulto más veloz, el capitán Liren era un hombre culto, de modales refinados y gestos un poco amanerados. Sin embargo, pese a estas características, era conocido por ser un marinero nato, de nervios de acero y sangre fría cuando la situación lo requería.
Había sobrevivido batallas y tormentas y siempre había conseguido llevar sus naves a puerto, razón por la cual, siendo como era un excepción, los marineros servían con gusto bajo sus órdenes.
Con órdenes rápidas y escuetas puso a la tripulación a trabajar dirigiendo la proa al este y desplegando todas las velas para aprovechar al máximo la potencia del viento.
Después desplegó su propio catalejo y se aproximó a popa para observar al perseguidor.
Pasaron así diez tensos minutos. Liren estático, compensando el baibén del barco con las rodillas semiflexionadas y mirando fijamente por el catalejo.
- Jalack - masculló - comunica a Lucian que se trata del Janan. -
Jalack se quedó de piedra y por un momento no reaccionó.
- ¡¡Demonios, date prisa chico!! - volvió a decir entre dientes el capitán apartando la vista del catalejo un momento.
Jalack se puso en movimiento mientras su cabeza daba vueltas a toda velocidad pensando en las implicaciones de esas palabras.
Se trataba del Janan, una embarcación rápida, de proa afilada y diseño inimitable.
Cortaba las olas como un cuchillo y era de sobras conocido que no se podía escapar de ella sin presentar batalla.
Y, claramente, no eran un barco de batalla. Las cosas pintaban muy mal para todos los de a bordo.
Asumirían puestos de batalla pero apenas tenían unos mosquetes mientras que el Janan iba equipado con cañones y piratas diestros en el abordaje y combate cuerpo a cuerpo.
- Contramaestre, comunica el capitán que se trata del Janan -
Los ojos de Lucian se alzaron y miraron hacia la silueta que se hacía más grande a cada momento y su mandíbula se tensó visiblemente.
Tras unos momentos asintió para si mismo y bajó la mirada de nuevo.
- Gracias Jalack. ¿Recuerdas esa infusión? Aún estoy esperándola. - dijo Lucian guiñándole un ojo.
Agradecido por tener algo que hacer, Jalack sonrió y se lanzó hacia las cocinas mientras a sus espaldas Lucian anunciaba la situación a los hombres y se desataba el caos.
Una hora después las balas empezaron a levantar surtidores de agua por delante del Aurora. Los piratas, sabedores de su ventaja, habían esperado a realizar disparos seguros de advertencia gracias a su velocidad y al alcance de sus cañones.
Claramente querían la embarcación lo más entera posible y de esta manera les daban a entender que podían hundirlos en cualquier momento.
Las órdenes de Liren fueron parar la embarcación y batirse cuerpo a cuerpo. Tendrían pocas posibilidades, pero al menos tendrían alguna.
- ¡Esperad a que empiecen el abordaje! Recordad, deben pensar que estamos desarmados hasta que estén cruzando, que será cuando más vulnerables sean. -
Lucian daba las últimas instrucciones a la tripulación y Liren se mantenía en primera línea por donde abordarían los piratas.
Era su deber parlamentar con ellos para buscar una solución.
El Janan se acercaba silencioso, su capitán, preparado también para parlamentar mientras su embarcación se abarloaba al Aurora.
Era un hombre que vestía ropas oscuras, con pelo rubio pálido corto, barba de varios días y unos ojos azules brillantes.
Liren alzó la voz.
- ¡Capitán del Janan! ¡Vuestra bandera os identifica como embarcación pirata y... -
Con un movimiento fluido, el capitán del Janan desenfundó un arma y disparó contra Liren, derribándolo con un agujero en el pecho.
- ¡¡Bienvenidos a la zona de peligro!! ¡Dejad vuestras fantasías por imposibles pues no estáis invitados al otro lado de la cordura! - gritó el capitán del Janan y de inmediato sus hombres se lanzaron al abordaje.
Todos en el Aurora se habían quedado paralizados pero el movimiento de los piratas los sacó de su estupor y se aprestaron al combate.
Jalack observaba desde el quicio de la puerta de acceso a bodegas.
Era presa de un intenso miedo, apenas le sostenían las piernas y sorprendido, mientras veía cómo caía delante suyo un marinero con un disparo en una pierna, se fijó en que sus nudillos estaban blancos de la fuerza con la que aferraba la puerta.
"Eres un inútil" pensó.
"Aquí oculto no haces nada, temblando, escondido como un niño de pecho."
Sin apenas ser consciente de lo que hacía, Jalack abrió la puerta y con pasos inseguros salió al pandemónium en que se había convertido la cubierta del Aurora.
Se acercó al marinero caído por la herida en la pierna y empezó a arrastrarlo hacia cubierto. El hombre lo miró agradecido.
- Gracias chico, estás loco y eres más valiente de lo que había imaginado, pero gracias -
En ese momento, un pirata pasó al lado y le cortó la garganta con un movimiento de su sable mientras corría hacia otro marinero que luchaba cerca.
Jalack se cayó al suelo y se quedó sentado.
"Estaba salvándolo, me ha llamado valiente, y el pirata me ha ignorado completamente mientras lo mataba. ¿Tan poco significo?"
Sintió como un grito subía por su garganta como si su alma pugnara por liberarse.
Mientras gritaba, se levantó y echó a correr hacia el Janan. Se plantó delante y alzando los brazos al cielo gritó mientras pulsaciones de luz salían de su cuerpo.
La escena entera quedó iluminada por su resplandor mientras las pulsaciones crecían en intensidad y se desplazaban como ondas por la cubierta.
Jalack bajó ambas manos y las apuntó hacia el Janan, disparando luz en un haz que impactó contra el barco y lo hizo brillar de manera cada vez más intensa hasta que todo lo que podía ver Jalack era luz.
Y luego, nada.
Jalack despertó recostado en cubierta. Sentía un cosquilleo inquientante por todo el cuerpo y tenía una sed terrible.
Había una botella de agua cerca y bebió con ansia mientras observaba a su alrededor.
Manchas de sangre se adivinaban a lo largo de toda la cubierta, varios cuerpos amortajados a un lado y marineros que iban y venían atareados eran todo lo que podía ver. La mayoría lucía distintos tipos de heridas pero ninguna de gravedad. Jalack supuso que los graves estarían bajo cubierta.
Poco a poco se fueron deteniendo al verlo despierto y lo miraron fijamente.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó.
Un marinero cercano fue el único en hablar.
- Que alguien avise al capitán. -
Al ir a dejar la botella de nuevo en el suelo, Jalack vio su reflejo en el cristal y observó que tenía el pelo blanco. Se miró los brazos y el vello también había cambiado de color. Su piel, sin embargo, seguía morena y curtida por el aire y trabajo en la mar.
Lucian se acercó deprisa alejando a los marineros a grandes voces y ordenándoles que regresaran a sus tareas.
Jalack se fue a levantar pero Lucian, con un gesto, lo paró y se sentó a su lado.
- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué tengo el pelo blanco? ¿Dónde están los piratas? ¿Por qué me miran todos así? - Jalack lanzaba las preguntas como flechas y Lucian levantó una mano para frenarlo.
- Escúchame atentamente Jalack. - dijo mirándolo fijamente - Te lo contaré una única vez. Tendrás tiempo de hablarlo con los demás marinos en cuanto todos se hayan acostumbrado a la nueva situación. -
Sacó un pitillo, lo encendió y empezó a fumar con calma, saboreando el tabaco.
- El capitán Liren está muerto, lo viste, ¿verdad? - Jalack asintió con la cabeza.
- Bien, ahora yo ejerzo de capitán hasta que lleguemos a puerto. El Janan ha sido destruido, no se exactamente cómo, pero fue obra tuya -
La cara de Jalack reflejó sorpresa e hizo ademán de volver a preguntar pero, de nuevo, Lucian lo cortó con un gesto.
- La lucha iba mal, nos iban a superar completamente hasta que hiciste lo que quiera que hiciste. Sólo se que empezaste a brillar Jalack. Un resplandor como jamás he visto. Te juro por Miera, diosa del mar, que aún puedo verlo si cierro los ojos y lo mismo le ocurre a otros, he preguntado.
Gritabas palabras extrañas mientras brillabas y, lo creas o no, un pirata intentó atacarte y su hoja simplemente rebotó en tu espalda. Lanzaste lo que sólo puedo llamar un chorro de luz al Janan y este brilló cada vez más hasta que tuvimos que apartar la vista. Nadie pudo mantener la mirada fija, dolía demasiado. Después, simplemente, el Janan estaba hecho pedazos y hundiéndose. -
Lucian le tendió el pitillo.
- Prueba, parece que te puede ir bien. -
Jalack, estupefacto, dio una calada y empezó a toser con fuerza. Lucian asintió satisfecho y recuperó el cigarro.
- Perfecto, no vuelvas a hacerlo hasta que tengas la edad adecuada. Era una prueba para comprobar si seguías siendo humano. Veo que sí. Iluminado puedes rechazar espadas pero tu cuerpo sigue siendo normal el resto del tiempo - volvió a asentir para si mismo.
- Cuando todo acabó estabas desmayado en cubierta, con el pelo blanco pero intacto por lo demás. Tienes suerte de que Malik estuviera rápido, pues organizó un círculo defensivo a tu alrededor antes de que los piratas que quedaban te atacaran. Sólo unos pocos quisieron seguir luchando después de lo que vimos. Están todos atados en un bote que llevamos amarrado a popa.
Al principio no nos atrevíamos a tocarte. Malik se mantuvo a tu lado vigilando todo el rato mientras se calmaban las cosas y pasado un rato te arrastraron hasta aquí con cuidado. -
Lucian miró a Jalack de nuevo.
- Ahora es cuando puedes empezar a preguntar - dijo Lucian alzando las cejas.
Jalack se miró las manos.
- ¿Qué soy? - preguntó.
- No lo sé. - respondió Lucian.
- He matado a gente... con magia. Soy un monstruo entonces. -
- No Jalack. Nos has salvado a todos haciendo algo. Si es magia u otra cosa no me corresponde a mi decirlo, sino a gente más instruida. Y, por supuesto, no eres un monstruo. Sigues siendo un chico, especial, pero un chico. -
- Pero he visto cómo me miran todos. - Alzó la mirada y observó alrededor.
Todos los marineros cercanos estaban muy ocupados haciendo ver que no prestaban atención a Lucian y Jalack. Y fallando estrepitosamente.
Malik, sin embargo, permanecía quieto a unos metros, los brazos cruzados y la mirada fija. Cuando se cruzaron sus miradas hizo un gesto de respeto con la cabeza y empezó a acercarse.
- Te miran porque eres algo nuevo, pero durará poco, ya sabes cómo son. Incluso empiezan a hablar de ponerte un mote nuevo. Destellos, Lucero... van sonando por ahí. - bromeó Lucian.
Jalack lo miró atónito.
"¿Me están poniendo motes?"
- Tienes que aprender a manejar tu poder - dijo Malik de pie ante él - Si puedes aprender a controlarlo te espera un futuro increíble. Lucian, algunos chicos y yo vamos a ayudarte. -
- ¿Cómo y... por qué? - preguntó Jalack.
- Primero, - dijo Lucian levantándose - porque nos has salvado la vida a todos. Malik lo vio claro desde el principio, tenemos una deuda contigo. -
- Segundo, - continuó Malik - porque si realmente puedes volver a usar ese poder como creemos, vas a necesitar gente que te proteja y apoye. -
- Y tercero y último, - terminó Lucian dándole la mano y levantándolo - porque queremos y podemos. -
Varios marineros se habían parado cerca y miraban en silencio.
- Adelante chico - dijo Lucian haciendo un gesto con la cabeza hacia el grupo que se había reunido - ve a hablar con ellos. Creo que esperan su turno para darte las gracias. -
- Gr... gracias. A ambos. - respondió Jalack sin saber muy bien qué decir.
Echó a andar hacia los marineros y estos se abrieron en abanico para recibirlo.
"La oscuridad no puede expulsar la oscuridad.
Solo la luz puede hacerlo."
Martin Luther King
"Wellcome to the danger zone, step into the fantasy, you're not invited to the other side of sanity."
Kanye West
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