Creador

- Ser un paria no es fácil.
Ser un héroe tampoco.
Ni siquiera ser una persona mediocre, que pasa por la vida sin dejar apenas huella, es sencillo.

Siempre hay obstáculos, algunos simplemente una leve cuesta, otros, abismos sin fin que se antojan imposibles de atravesar y cuyas profundidades nos hacen plantearnos si en vez de buscar el rodeo para atravesarlos no será mejor saltar en ellos y dejar de lado las preocupaciones.

Gran parte de nuestras energías se consumen en ello, en el devenir de los pensamientos, esa rueda sin fin, sin descanso, que nos concede muy pocos momentos de tranquilidad. 
Hay quien se pregunta si empieza a funcionar antes el corazón o la mente. 

Cuando aún vivimos en la calidez del vientre materno, ajenos a males, bondades, alegrías y penas, ¿somos capaces de pensar o no? 

Muchos filósofos se lo han preguntado a lo largo de los siglos. Otros tantos han formulado hipótesis al respecto. Todas posibles, todas imposibles de comprobar.

Porque sabemos que, en definitiva, nuestra vida es lo que hacemos, hacemos lo que sentimos y sentimos lo que pensamos.

¿Entiendes lo que trato de transmitirte? 

No hay una respuesta al significado de la vida. Al menos no una que se haya podido comprobar. -

- Entonces, ¿qué he venido a aprender aquí? - preguntó Jalack.

El anciano agitó vagamente una mano en el aire, la mirada ciega perdida en algún punto de la estancia pobremente iluminada.
Una leve sonrisa aleteó en sus labios. 

- El significado de la vida. Has venido a crear un sentido. -

- ¿A crear? ¿Cómo se puede crear - Jalack remarcó la palabra - el sentido de la vida? No hace falta ser el filósofo Ruhr Padre Verdad para comprender que la vida ocurre a nuestro alrededor en gran parte fuera de nuestro control.
Sí, podemos tomar decisiones y cursos de acción que nos lleven a determinado fin, pero no podemos evitar que un día de lluvia arruine la boda de una pareja, o que una plaga de shars acabe con las cosechas de una granja. -

Los ojos, blancos, velados por una niebla eterna, se posaron sobre él.

- Me gusta el color de tu túnica. El azul resalta la fuerza de tu mirada. -

Jalack se quedó sorprendido. Se miró las rodillas. Una túnica de color verde las cubría.

- Sestilnam. - dijo el anciano.

- ¿Qué? - 

- Sestilnam. - repitió.

- No le entiendo. Mi túnica es verde maestro, y usted es imposible que la vea. ¿Por qué dice que es azul? ¿Y qué es eso de sestilnam? - 

Jalack se reclinó en la silla con cara de disgusto. 

- Dime Jalack, ¿conoces la palabra sestilnam? ¿Te suena de algo? -

- No, diría que esa palabra no existe - respondió tras un momento de reflexión.

- Si ahora mismo salieras por esa puerta zanjando esta conversación, y mañana alguien te preguntara qué sabes sobre la palabra sestilnam, ¿qué responderías? -

- Que es una palabra sin sentido que me ha dicho usted hoy. -

- Entonces, desde el momento en que la he pronunciado, tiene historia desde tu punto de vista, luego ya existe. Para pronunciarla la he tenido que pensar primero, existiendo bajo mi punto de vista antes de que tú tuvieras constancia de ella. -

Se levantó de la butaca y se fue acercando a la lumbre que ardía tras él.

- Con un simple pensamiento he creado algo, quizá no es vida, pero desde luego sestilnam ha pasado de no existir a existir. - alargó las manos hacia el fuego y prosiguió. - La mente es poderosa Jalack, una idea puede cambiar el mundo y siempre, siempre, nace de una mente. -

- Luego, si entiendo bien, me está diciendo que cada persona, con sus pensamientos, es un creador de realidades. -

- Exacto. Yo he decidido que tus ropas son azules y lo serán en mi realidad. Sestilnam existe por mi decisión. - 

El anciano se giró y cruzando las manos tras la espalda se inclinó hacia Jalack doblándose por la cintura.

- Jalack, ¿somos reales tú y yo? ¿O somos un pensamiento, el producto de una mente aburrida, o de un sueño inconsciente? -

Se irguió de nuevo y se encaminó hacia la puerta.

- Reflexiona sobre esto y ponlo en práctica. Hablaremos dentro de unos días -

Al día siguiente, Jalack observaba a través de la ventana la actividad de la calle. Tenderos y comerciantes se esforzaban por despojar de su dinero a los viandantes y los niños corrían entre la gente escurriéndose como gatos, robando lo que podían de los puestos.
Se acercó a su escritorio, se sentó, y tomando papel y pluma empezó a escribir.

"- Ven conmigo. - dijo el demonio - Ven conmigo y te mostraré tu verdadero camino..." 




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