Obsesión

Jalack bebió un sorbo del café ya frío y se reclinó en la silla.
Llevaba tres días encerrado en casa sin ducharse y su aspecto distaba mucho de las fotos que figuraban en las portadas de sus libros.
Ahora mismo, en su reducido universo, todo iba mal.
Tenía a la protagonista pero no tenía una historia para ella.
Repasó la descripción que había bosquejado para su presentación.

"Kiri Te Kanawa trabajaba como pasante de arte pese a su carácter un poco despistado. Amante de los deportes de riesgo, a sus treinta y siete años conservaba un físico de deportista ocasional. La fusión de raíces asiáticas e irlandesas le había proporcionado unos ojos rasgados de un marrón muy suave, pelo tocado por el fuego y labios carnosos por el centro y finos por los laterales, a medio camino siempre entre un beso y una sonrisa. Además de la capacidad de, a pesar de su voz cálida y serena, jurar como un estibador de puerto por cortesía de su padre, cosa que siempre se manifestaba en los momentos más inoportunos."

Sabía que hacía falta darle más consistencia al personaje y construir esa idea a base de descripciones puntuales a lo largo del libro y sus diálogos pero por el momento era algo que quedaba fuera de su alcance.
Se enfrentaba al temido problema de la página en blanco, aunque su prepotencia le impedía reconocerlo. Eso y que tenía un plazo de entrega que no podía ignorar.
Estaba viviendo de los adelantos de un libro que todavía no había escrito y llevaba ya dos aplazamientos.

Rhea se asomó por la puerta.
- Jalack, tienes un momento para hablar? -
- Sí, claro. -

Se levantó y la siguió escaleras abajo.
Las cosas no iban bien entre ellos los últimos meses. Él estaba intratable debido a la presión del libro y ella parecía que no comprendía la importancia de lo que tenía entre manos.
Le había echado en cara varias veces que estaba distante y le aburría con cosas que no le interesaban.

Ella se sentó en el sofá del salón y le entregó un sobre.
- ¿Qué es esto? -
- Son los papeles del divorcio - respondió con voz cansada.
- Espera, ¿qué? ¿Cómo que los papeles del divorcio? -

Por un momento Jalack sintió como si su corazón dejara de latir a la vez que una energía brutal le inundaba.
"Es el efecto de la adrenalina" pensó en paralelo.

- ¿Qué esperabas que pasara Jalack? - respondió ella con acritud y apoyando los codos sobre las rodillas - Llevamos MESES discutiendo, apenas nos saludamos en casa y tú solo sabes pensar en tu libro mientras hemos ido perdiendo nuestro matrimonio -

Jalack lanzó el sobre a la mesa como si quemara.

- ¡No me vengas con esas! ¡Este libro es ahora mismo lo más importante, de él depende todo mi futuro! -
- No, no es lo más importante - dijo Rhea haciendo un movimiento tajante con la mano - lo más importante éramos nosotros, tu libro es tu trabajo y siempre puede haber más, pero nunca volverá a haber un nosotros de nuevo. -

Jalack se levantó y empezó a dar vueltas por el salón, reparando por primera vez en las maletas que ya había junto a la puerta.

- Sin ese libro no soy nada, tengo deudas y plazos que cubrir, ¿cómo puedes ser tan egoísta? -
- No, ¿cómo puedes ser tan egoísta TÚ? -

Rhea se levantó y lo señaló con un dedo y luego se quedó parada.
A continuación se sentó con expresión abatida y recuperó la voz serena.

- Mira Jalack, no quiero que esto se convierta en una discusión a gritos. Ni ahora eres capaz de pensar en lo que hemos perdido, sólo en tu libro. Rellena los papeles y mándalos al despacho de abogados, está ahí mismo la dirección - señaló el sobre.

A continuación se levantó y se dirigió a la puerta. Jalack la miraba atónito, con una expresión de desconcierto mientras boqueaba.

- Ya iremos hablando si quieres - dijo ella - Mucha suerte con tu libro. -

Y tras coger las maletas salió por la puerta.

Jalack miraba alternativamente al sobre y la puerta cerrada mientras en sus oídos resonaban a dúo el silencio que había quedado y el ruido de la puerta al cerrarse.

Poco a poco una expresión de júbilo se fue abriendo paso en la mirada de Jalack mientras murmuraba "Graciasgraciasgraciasgracias".

De repente, echó a correr escaleras arriba mientras decía en voz alta con la mirada perdida "¡Esto es lo que necesitaba para mi libro!"



-- Relatos Inconexos --

Comentarios

Entradas populares