Siete latidos
Siete latidos.
Ese fue el tiempo necesario para que se enamorara de Jalack.
Aunque ella no lo supo hasta tiempo después.
Curiosamente, siete latidos fue también el tiempo que duró su primer beso. Siete latidos que parecieron, a la vez, un instante y una eternidad.
No era su tipo ni de lejos. Jalack era alto, pero no imponente, con un aire despistado y una sonrisa huidiza, aunque de mirada penetrante cuando quería. Lo primero que pensó sobre él fue que había mucho que descubrir, y no se equivocaba.
No fue como las historias de película, algo que empieza como un fuego abrasador y no deja vivir a los implicados. No, más bien fue como si esa etapa ya hubiera pasado y se tratara de unas ascuas que con el tiempo no hacían más que recibir el aire que necesitaban para seguir calentando, mucho, pero sin la notoriedad de las llamas.
"Qué sé yo por qué te quiero tanto... vamos... sí sé... comprendo muy bien que se quiera así... pero... querría no quererte tanto... aunque mi única razón de ser... es esa... y también mi única razón de no ser... En el amor no cabe una intervención razonada... quieres o no quieres"



Comentarios
Publicar un comentario