Lluvia de estrellas
La noche era fresca pero agradable y Jalack ascendía la colina a paso vivo mientras oía resoplar por detrás a Shira.
La lluvia había sido regular las últimas semanas y los bajos de los vaqueros de Jalack se iban manchando del polen de la vegetación que crecía sin control por todas partes, en un festival de energía y vida que se transmitía a los insectos que se afanaban en la oscuridad, simples zumbidos apenas audibles.
Llevaba en el bolsillo el anillo de compromiso, que escondería tras la barandilla del mirador cuando llegara a la cima de la colina.
Arriba se podía disfrutar una escena de película. Sobre la colina llena de vegetación, un único roble crecía enseñoreándose de toda la zona, su corteza grabada por decenas de promesas de amor recientes y antiguas, y, al lado, se extendía un mirador que permitía observar las luces de la ciudad y varios pueblos cercanos.
Lo tenía todo planeado al milímetro. La llevaría con cuidado a la barandilla con la excusa de disfrutar las vistas, dirigiría su mano hasta donde estuviera el anillo y mientras la mantenía allí presionada, le haría La Pregunta. Cuando dijera que sí... bueno, por si acaso había avisado en casa de que llegaría muy tarde.
Con un pequeño esfuerzo subió corriendo los últimos metros.
- ¿Pero qué prisa tienes Jalack? - preguntó Shira apoyando las manos sobre las rodillas - ¡El árbol no se va a ir a ningún lado y la ciudad tampoco! -
Jalack le respondió entre risas.
- Bueno, cuanto antes llegue... ¡más tiempo podré disfrutar a solas de las vistas! -
- Disfruta, disfruta... Quizá acabes disfrutando a solas todo el tiempo - dijo Shira frunciendo el ceño.
- ¡Ja! No lo aguantarías nena... -
Jalack se dio la vuelta para seguir la subida y el mohín de Shira desapareció tras una sonrisa.
Al llegar junto a la valla buscó un poste vertical en el que había colocado un clavo unos días antes y dejó el anillo enganchado allí para evitar que se pudiera caer.
Shira llegó un momento después quitándose el jersey mientras hablaba sin parar acerca de actitudes infantiles, edad... a lo que Jalack no prestaba la más mínima atención. Sobre ellos se extendían las ramas del roble cubriendo el cielo nocturno con su manto verde y a su espalda estaban las vistas del valle.
- Deja de refunfuñar y ven aquí -
Shira se acercó y se colocó frente a él, que la cogió de la cintura y la abrazó.
- Tampoco ha sido para tanto la subida, ¿no? - le preguntó.
Shira no contestó. Notó que se ponía tensa en sus brazos.
- ¿Qué es eso Jalack? -
Fue como si le hubiera caído un balde de agua fría encima. ¿Cómo podía haber visto el anillo? ¡Debería estar mirando las luces del fondo, no la maldita barandilla!
- Bueno... supongo que ya no tiene sentido hacer el paripé... -
- Gírate - le cortó Shira mientras se separaba de él.
Extrañado, Jalack se dio la vuelta para ver un espectáculo que recordaría durante años.
El firmamento entero parecía caer del cielo, en una miriada de fuegos que ardían y se extinguían.
Era la lluvia de estrellas más intensa que había visto en su vida y apenas podía articular palabra.
- Tengo que grabar esto - dijo Shira mientras sacaba su teléfono móvil y empezaba a filmar.
Jalack hizo lo mismo y vio que no tenía cobertura.
- Oye, ¿tienes cobertura? Debe haber algún fallo con mi compañía o algo... -
Shira comprobó su propio teléfono.
- No, tampoco. Ni GPS, ahora que lo dices... -
De repente, por fases, como fichas de dominó que estuvieran puestas en fila y fueran cayendo una a una, las luces de la ciudad que tenían delante empezaron a apagase poco a poco, en una progresión que se dirigía desde el horizonte hacia ellos.
Cuando la última luz se apagó, sólo el cielo en llamas, la luna y la luz de la pantalla de sus móviles iluminaban la escena.
Al momento, también estos se apagaron y empezaron a ver las primeras flores de fuego que surgían en la ciudad a sus pies.
- Vamos, corre, tenemos que volver - dijo Jalack con una expresión de pánico en la cara y sin dejar de mirar el cielo.
- ¿Qué ocurre? ¿Un impulso electromagnético? ¿Qué pasa Jalack? -
- No, es mucho más que eso. No son estrellas Shira, son satélites. Algo ha lanzado los satélites contra la tierra, por eso no tenemos cobertura ni GPS. Y ese algo, ha hecho que se apaguen los aparatos electrónicos, posiblemente por un EMP como dices... -
- Vale, entonces lo mejor es esperar a que vuelva a restablecerse todo, ¿no crees? -
- No creo que pase en mucho tiempo, hazme caso. Algo raro está pasando, ¡tenemos que volver! -
Jalack cogió la mano de Shira y tiró de ella en una carrera pendiente abajo.
En la barandilla, bajo la protección del roble, quedaba el anillo.
Los recuerdos de aquella noche volvían a la mente de Jalack en una ráfaga de sensaciones que se volvía más dolorosa a cada paso que daba.
El polvo que levantaban sus pisadas se iba dispersando al viento conforme ascendía hacia el esqueleto reseco y chamuscado del roble que coronaba la cima.
Menar resoplaba a sus espaldas, como lo hiciera Shira un año atrás, y el aliento se condensaba debido al frío invernal.
Llegó a la cima y contempló el valle, un desierto árido en el que se apreciaban las ruinas de los edificios asediadas por la arena y el viento. Un panorama de tonos grises, marrones y negros allí donde el fuego había sido más virulento.
Temblando, temeroso de que no siguiera allí, Jalack desplazó la mano hacia el poste donde en su día colocó el clavo.
En su imaginación, acompañaba la mano de Shira bajo la suya.
La madera astillada tenía un tacto diferente al que recordaba, pero acabó encontrando el clavo, rugoso por el óxido.
Y, allí, seguía el anillo.
Alguien lo había asegurado con una cuerda para que no se perdiera.
Lo acunó en sus manos y cayó de rodillas mientras las lágrimas trazaban surcos en el polvo de su rostro y se perdían bajo los rizos de su barba.
Menar se acercó, comprendió, como había hecho tantas otras veces, y apoyó una mano en su hombro.
-- Relatos Inconexos --
La lluvia había sido regular las últimas semanas y los bajos de los vaqueros de Jalack se iban manchando del polen de la vegetación que crecía sin control por todas partes, en un festival de energía y vida que se transmitía a los insectos que se afanaban en la oscuridad, simples zumbidos apenas audibles.
Llevaba en el bolsillo el anillo de compromiso, que escondería tras la barandilla del mirador cuando llegara a la cima de la colina.
Arriba se podía disfrutar una escena de película. Sobre la colina llena de vegetación, un único roble crecía enseñoreándose de toda la zona, su corteza grabada por decenas de promesas de amor recientes y antiguas, y, al lado, se extendía un mirador que permitía observar las luces de la ciudad y varios pueblos cercanos.
Lo tenía todo planeado al milímetro. La llevaría con cuidado a la barandilla con la excusa de disfrutar las vistas, dirigiría su mano hasta donde estuviera el anillo y mientras la mantenía allí presionada, le haría La Pregunta. Cuando dijera que sí... bueno, por si acaso había avisado en casa de que llegaría muy tarde.
Con un pequeño esfuerzo subió corriendo los últimos metros.
- ¿Pero qué prisa tienes Jalack? - preguntó Shira apoyando las manos sobre las rodillas - ¡El árbol no se va a ir a ningún lado y la ciudad tampoco! -
Jalack le respondió entre risas.
- Bueno, cuanto antes llegue... ¡más tiempo podré disfrutar a solas de las vistas! -
- Disfruta, disfruta... Quizá acabes disfrutando a solas todo el tiempo - dijo Shira frunciendo el ceño.
- ¡Ja! No lo aguantarías nena... -
Jalack se dio la vuelta para seguir la subida y el mohín de Shira desapareció tras una sonrisa.
Al llegar junto a la valla buscó un poste vertical en el que había colocado un clavo unos días antes y dejó el anillo enganchado allí para evitar que se pudiera caer.
Shira llegó un momento después quitándose el jersey mientras hablaba sin parar acerca de actitudes infantiles, edad... a lo que Jalack no prestaba la más mínima atención. Sobre ellos se extendían las ramas del roble cubriendo el cielo nocturno con su manto verde y a su espalda estaban las vistas del valle.
- Deja de refunfuñar y ven aquí -
Shira se acercó y se colocó frente a él, que la cogió de la cintura y la abrazó.
- Tampoco ha sido para tanto la subida, ¿no? - le preguntó.
Shira no contestó. Notó que se ponía tensa en sus brazos.
- ¿Qué es eso Jalack? -
Fue como si le hubiera caído un balde de agua fría encima. ¿Cómo podía haber visto el anillo? ¡Debería estar mirando las luces del fondo, no la maldita barandilla!
- Bueno... supongo que ya no tiene sentido hacer el paripé... -
- Gírate - le cortó Shira mientras se separaba de él.
Extrañado, Jalack se dio la vuelta para ver un espectáculo que recordaría durante años.
El firmamento entero parecía caer del cielo, en una miriada de fuegos que ardían y se extinguían.
Era la lluvia de estrellas más intensa que había visto en su vida y apenas podía articular palabra.
- Tengo que grabar esto - dijo Shira mientras sacaba su teléfono móvil y empezaba a filmar.
Jalack hizo lo mismo y vio que no tenía cobertura.
- Oye, ¿tienes cobertura? Debe haber algún fallo con mi compañía o algo... -
Shira comprobó su propio teléfono.
- No, tampoco. Ni GPS, ahora que lo dices... -
De repente, por fases, como fichas de dominó que estuvieran puestas en fila y fueran cayendo una a una, las luces de la ciudad que tenían delante empezaron a apagase poco a poco, en una progresión que se dirigía desde el horizonte hacia ellos.
Cuando la última luz se apagó, sólo el cielo en llamas, la luna y la luz de la pantalla de sus móviles iluminaban la escena.
Al momento, también estos se apagaron y empezaron a ver las primeras flores de fuego que surgían en la ciudad a sus pies.
- Vamos, corre, tenemos que volver - dijo Jalack con una expresión de pánico en la cara y sin dejar de mirar el cielo.
- ¿Qué ocurre? ¿Un impulso electromagnético? ¿Qué pasa Jalack? -
- No, es mucho más que eso. No son estrellas Shira, son satélites. Algo ha lanzado los satélites contra la tierra, por eso no tenemos cobertura ni GPS. Y ese algo, ha hecho que se apaguen los aparatos electrónicos, posiblemente por un EMP como dices... -
- Vale, entonces lo mejor es esperar a que vuelva a restablecerse todo, ¿no crees? -
- No creo que pase en mucho tiempo, hazme caso. Algo raro está pasando, ¡tenemos que volver! -
Jalack cogió la mano de Shira y tiró de ella en una carrera pendiente abajo.
En la barandilla, bajo la protección del roble, quedaba el anillo.
Los recuerdos de aquella noche volvían a la mente de Jalack en una ráfaga de sensaciones que se volvía más dolorosa a cada paso que daba.
El polvo que levantaban sus pisadas se iba dispersando al viento conforme ascendía hacia el esqueleto reseco y chamuscado del roble que coronaba la cima.
Menar resoplaba a sus espaldas, como lo hiciera Shira un año atrás, y el aliento se condensaba debido al frío invernal.
Llegó a la cima y contempló el valle, un desierto árido en el que se apreciaban las ruinas de los edificios asediadas por la arena y el viento. Un panorama de tonos grises, marrones y negros allí donde el fuego había sido más virulento.
Temblando, temeroso de que no siguiera allí, Jalack desplazó la mano hacia el poste donde en su día colocó el clavo.
En su imaginación, acompañaba la mano de Shira bajo la suya.
La madera astillada tenía un tacto diferente al que recordaba, pero acabó encontrando el clavo, rugoso por el óxido.
Y, allí, seguía el anillo.
Alguien lo había asegurado con una cuerda para que no se perdiera.
Lo acunó en sus manos y cayó de rodillas mientras las lágrimas trazaban surcos en el polvo de su rostro y se perdían bajo los rizos de su barba.
Menar se acercó, comprendió, como había hecho tantas otras veces, y apoyó una mano en su hombro.
-- Relatos Inconexos --



NaNoWriMo ya.
ResponderEliminarAutor del Colegio Z?
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