Juegos

- ¿Jalack? ¿Qué tipo de nombre es Jalack? No, querido, creo que te llamaré Mukhtar -

Por todo lo sagrado, mujer, ¿Mukhtar? Significa Escogido... por quién, ¿por ti? Más me vale resistirme, pues tras esa sonrisa que hace temblar mis piernas se esconden colmillos, ¿verdad?
Otro juguete en tus manos... pero qué manos...

Jalack se apoyó en la mesa dándole la espalda y suspiró.

- Noto dudas en tus ojos Mukhtar -

- No me gustan los juegos en los que las dos partes no conocen las reglas, máxime cuando el que no las conoce soy yo. -

- ¿Juego? No es un juego, no. Hace mucho que añoro una mente viva, que de forma a palabras que me reten a un duelo, que ponga a prueba mis límites y, cuando los haya encontrado y redefinido, los vuelva a tensar de nuevo... Ambos sabemos que tú puedes estar a la altura -

Una mano suave se apoyó en el brazo de Jalack acompañada de un susurro de ropa y una vaharada de perfume.

- Pues por lo que a mi respecta - respondió Jalack desembarazándose del contacto - puedes tener las esperanzas que quieras, pero no soy de los que sirven de entrenimiento a los demás -

Ella se reclinó sobre la mesa a su lado, cada uno mirando en una dirección. Jalack disfrutó las vistas de su escultural figura.

- ¿Y si el entretenimiento fuera mutuo? - dijo ella.

- Entonces empezamos a definir reglas del juego, como dije. Pero creo que ambos somos jugadores demasiado avezados para esta pantomima. ¿Por qué no dejamos de dar rodeos y vamos al grano? -

Jalack sentía el bulto bajo su chaqueta, un peso tranquilizador pero inútil en esa situación.

- Ah, puede que Azzâm fuera un nombre más adecuado para ti después de todo... en fin, quizá más adelante podamos definir tus preciadas reglas. Dieciocho los mil, cada dos meses, el canal lo defines tú. -

Jalack se levantó y se dirigió a la pared de enfrente, no le gustaba esa cercanía. La mujer se dió la vuelta y se sentó sobre la mesa. Su vestido revelando la cantidad justa de pierna para ser provocador pero no explícito.

- Sabes jugar tus armas, eso te lo tengo que reconocer - dijo Jalack.

 Recibió una sonrisa y una inclinación de cabeza por respuesta.

- Dieciocho los novecientos, cada dos meses, y una cena contigo, sin reglas -

Un ceño pensativo se marcó en la mirada de la mujer para convertirse en una carcajada profunda.

- Muy bien, trato hecho. ¿Quién juega con quién ahora, querido? -

- Por desgracia, la historia ha demostrado que es mejor no luchar contra lo que no se puede vencer. -

- Vaya joya de hombre... Encuentro mucha sabiduría en tus palabras. ¿Siempre has de tener la razón? - repuso ella con una sonrisa apenas oculta.

- Ni te lo imaginas. - contestó él de camino a la puerta. - Ya sabes cómo contactar conmigo Kahina -

- Lo espero con ansia, créeme. Azzâm y Kahina, resuelto y princesa guerrera... ¡Ah, qué historias podrían surgir de esta unión...! -

Mientras bajaba las escaleras, Jalack se llevó la mano a la sobaquera. El tacto frío y sólido de la culata de su pistola era un ancla a la que aferrar el galope desbocado de su pecho.

-- Relatos Inconexos --

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