Legados

Encontró a Raist tendido junto a un árbol.
La herida atravesaba el abdomen de parte a parte y el rostro de Raist estaba pálido.
Este sonrió.

- Jalack... me alegra ver que has sobrevivido. Al final no han podido contigo. -
- Raist, amigo, ahora vuelvo con un médico -
- No, sabes tan bien como yo que es imposible que me curen. Lo hemos visto más veces de las que quisiéramos. - dijo Raist mirando la herida y ocultando un gesto de dolor.

Jalack se quedó pensativo un momento y asintió.

- Saca papel Jalack, escribe mis palabras y permíteme dejar mi voz al mundo. Llévalo a casa contigo. Es la costumbre. - dijo mirándolo a los ojos.

Jalack se sentó al lado de Raist, sacó de su bolsillo los utensilios de escritura y, usando el escudo como base hizo un gesto de asentimiento.

- Cuando quieras Raist. -

- Mi nombre es Raist hijo de Morren de la aldea de Svanica. Nací hijo de un padre humilde y una madre humilde. Junto a mi tuvieron 2 hijos más y otras 2 hijas. Ninguno de ellos vive ya. Y la aldea desapareció bajo mi mano.
En mi vida he visto más muerte que la mayoría. He caminado por palacios en llamas pisando la sangre de reyes, he gateado por cloacas al acecho de ladrones y huido por bosques para salvar la vida.
Como todos los hombres, he amado a más mujeres de las que me han amado a mí, y he derramado menos lágrimas de las que he causado.
Por la noche me cuesta conciliar el sueño pues las pesadillas me asaltan y, por el día, los problemas y las posibles consecuencias no me permiten relajarme.
Y, sin embargo, he tenido una gran vida.
He conocido la camaradería, la valentía y el honor.
He disfrutado de la mano de mujeres increíbles sacadas de las barriadas más decrépitas, orgullosas y altaneras como cisnes.
He comido platos de los cuatro puntos cardinales, y enfermado por banquetes sin parangón.
Y de todo esto no saco más que unos consejos para ti, mi único hijo, heredero de mi sangre y del linaje de mi padre, pobre pero indómito.
Corre, persigue, caza tus sueños y objetivos como si fuera el último día, pues puede que sea el caso.
Ama sin medida, desecha el dolor como algo pasajero que es.
Cuida y protege a tus amigos, pero no perdones una traición pues el hombre es un animal de costumbres y si lo hace una vez, lo repetirá.
No des un paso al frente por alguien que no lo daría por ti.
Si sigues a un hombre, elige a uno que en los momentos difíciles sea el primero en dar la cara.
Si lideras a hombres, se un ejemplo y pide siempre, como mucho, lo que tú harías.
Asume tus responsabilidades, pero no las de los demás.
Si peleas, pelea para ganar. Si no tienes opciones, corre y lucha cuando tengas posibilidades de victoria.
Y, sobretodo, recuerda de quién eres hijo. -

Raist abrió los ojos, que había cerrado mientras hablaba, y cogió la pluma para firmar. Al asaltarle temblores Jalack le cogió del antebrazo.

- Bien, eso es todo Jalack. Llévalo a mi hijo junto con mi espada, el estandarte y el escudo. -

Jalack, con cuidado, desabrochó la vaina de la espada de Raist, recogió su escudo y se levantó.

- Que tu noche sea luminosa Raist, y los espíritus de tus ancestros te reciban con orgullo. -

- Que tardemos en vernos Jalack, y los espíritus de tus ancestros te protejan hasta entonces. -

Dándole la espalda, Jalack empezó a caminar hacia el sur, donde esperaba su caballo.












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