Lo que fue y lo que podrías ser.

El calor del fuego iba traspasando lentamente la piel que Urzo llevaba sobre los hombros.
Se encontraba de espaldas a la hoguera y hablaba con su compañero, Rasul, que estaba al otro lado del hogar en la misma posición, sin mirarle a la cara.
Adaptar la vista a la visión nocturna era tan vital como colocarse contra el viento al cazar para evitar que el olor llegue a la presa.
Los que se sentaban de espaldas a la oscuridad, simplemente no duraban mucho.

Aquella noche sería la última que tendría que pasar de vigilia durante al menos un mes. Cuando llegaran al Campamento del Amanecer confiarían su seguridad a sus gentes.

Urzo acudía, como todos los aspirantes, para llevar a cabo su iniciación como Señor del Clima.

- La noche es limpia y el cielo nos saluda con mirada favorable. - Dijo Rasul mirando hacia la luna - Este mes tendremos buen tiempo Urzo. -
- No me inquieta el tiempo sino lo que viviré allí. No me has dicho nada de lo que me espera excepto vagas alusiones a pruebas y rituales. - Replicó Urzo con amargura.

Urzo tenía la lanza apoyada en vertical contra el hombro y acariciaba el mango con aire distraído.
Era una lanza de la tribu y el uso de múltiples manos había pulido la madera hasta dejarla como la superficie de la piedra que ha pasado siglos en un río.
Sólo los grandes cazadores tenían derecho a lanza propia, pero Urzo lo prefería así. Al usar esa lanza tenía la impresión de que comulgaba con los anteriores usuarios y se sentía parte de un todo.
Cuando confesó esto a Rasul, éste le dijo que iba a quedar bajo su cuidado y viajar con él al Campamento del Amanecer.

- Lo que te espera a partir de mañana marcará el resto de tu vida. Recuerda que la vida no es más que lo hacemos mientras morimos y volvemos a la Madre Tierra. Asumirlo y afrontar el desafío de que ese tiempo haya merecido la pena es el gran reto al que cada hombre debe enfrentarse en solitario.
No voy a desvelarte nada de lo que ocurrirá, pero sí es el momento de que sepas cómo empezó todo. -

Urzo se giró para mirarlo.

- No olvides la noche Urzo. - Dijo Rasul levantando un dedo y sin apartar la mirada de la oscuridad - La noche es una amiga infiel y siempre hay que tratarla con respeto. -

Urzo volvió a observar la oscuridad con gesto contrito. No se discutía con Rasul. Ni se dudaba a la hora de hacer lo que decía.

- Vas a acudir a convertirte en Señor del Clima. Es un puesto de gran honor y responsabilidad. Cuando otro Señor del Clima o yo mismo muramos, tomarás el puesto vacante como se ha hecho desde hace mucho tiempo.
De tu buen hacer dependerá que el ciclo de las nubes sea propicio a la vida de tu zona, y, por ende, a la tribu a tu cargo. Pero has de saber cómo se originó todo, y no hablo de cómo salió Madre Tierra del Gran Río del Todo.
Hablo de cómo nacimos los Señores del Clima. Cómo recogimos la sabiduría necesaria para llevar a cabo nuestro cometido y a quién debemos la prosperidad. -

Rasul dejó la lanza a un lado y encendió en la hoguera una hoja de tabaco prensada en forma de tubo. Murmuró unas palabras y fue soplando nubes de humo que adquirían formas mientras hablaba.

- Yo lo conocí y estuve presente cuando todo empezó. Jalack era un niño muy activo e inquieto. - Una voluta de humo adoptó la forma de un niño cuyo contorno variaba - Siempre tenía preguntas sobre todo. Quería saber por qué el bebé llora al nacer. Por qué la noche sigue al día o el día a la noche. Cómo vuela el pájaro y cómo respira el pez bajo el agua. Un día incluso preguntó a sus mayores por qué caía la fruta madura del árbol.
"Porque todo quiere volver al abrazo de Madre Tierra, por eso." Le contestaron. 
Él, sin embargo, replicó "Entonces, ¿por qué la luna no vuelve a Madre Tierra y nos vigila en la noche? No, algo falta".
Aquella respuesta le valió un gran castigo, pero no se puede cambiar el alma de un hombre igual que no puede conseguir que el ciervo cace al lobo. - 

Un lobo de humo acechaba desde el aire.

- Sus inquietudes le aislaron del resto de la tribu. - Prosiguió Rasul mientras una voluta de humo se separaba de las demás - Nadie podía seguir el ritmo de sus razonamientos. Sin amigos, sin pareja, se dedicaba a observar el mundo y cumplir tareas de recolector.
Acabó viviendo fuera de la caverna, en una plataforma que construyó en las ramas de un árbol. Era su refugio y su lugar de estudio.
Un día decidió irse para acudir al Campamento del Amanecer. Quería consultar las escrituras de las paredes y hablar con los que decían que eran los eruditos del mundo. Y allí llegó ansioso de saber más nada pudo aprender. 
Las respuestas eran las mismas que las que sus mayores le dieron en su día y sus réplicas similares, pero en vez de enfrentarse a indiferencia, se enfrentó a la soberbia de los que creen tener la verdad sin discusión.
Así fue como se encontró expulsado del campamento y sin cobijo la noche que eligieron las nubes para castigar el campamento y sus tierras circundantes. Se desencadenó una tormenta como no se había visto nunca.
El cielo se oscureció como si Nephar hubiera decidido acabar con Madre Tierra. El viento arreciaba y hacía tambalearse las viviendas de las familias así que todas buscaron refugio en la Sala de la Cima esperando que resistiera en pie. - 

Con un gesto de su mano, Rasul deshizo las chozas que flotaban frente a él.

- Las puertas del campamento estaban sin vigilancia, por lo que Jalack echó a correr hacia la Sala de la Cima. Sentía un miedo visceral, profundo, que hacía vibrar por cada fibra de su ser y lo impulsaba a moverse con rapidez. Veía con una claridad increíble y se encontraba esquivando rachas de viento que lo tumbarían simplemente dando un paso en la dirección adecuada. -

Urzo, atrapado por el relato, se había girado y observaba absorto los dibujos del humo en el aire.

- En ese momento fue cuando ocurrió, Urzo. - Continuaba Rasul - De repente, empezaron a caer rayos por toda la aldea. Jalack los esquivaba. Veía los patrones, entendía el camino que seguiría el rayo en su descenso y le cedía el paso apartándose. Sin embargo, poco a poco, fue amoldándose a su cadencia. Su pasos eran cada vez más fluidos. Con cada movimiento se alejaba menos que con el anterior. Entonces, de improviso, no se apartó de un rayo, sino que extendió la mano, dejó que impactara y con un movimiento suave lo desplazó de su trayectoria.
Con calma, girando sobre sí mismo, siguió desplazándose por el pueblo y parecía que toda la furia de la tormenta recaía sobre él. Solo que para él no era furia, sino simplemente un lenguaje diferente, más agresivo, pero con su propia melodía.
Para los que observaban desde la Sala, Jalack era una figura que mediante movimientos sinuosos recibía los rayos y los depositaba en el suelo.
Era como un baile. Él fue el primer y único Bailarín del Rayo que ha existido. -

- ¿Y la gente lo aceptó como líder del Campamento del Amanecer? ¿Por eso se realizan allí las pruebas? - preguntó Urzo.

- No. Como te he dicho, es imposible cambiar el alma de una persona. Imagina la de una ciudad. Sin embargo, la noticia se extendió y acudieron aprendices, que descubrieron que podían ser Señores del Clima bajo su tutela, aunque no Bailarines del Rayo.
Alrededor de Jalack fue creciendo un asentamiento.
Cuando lleguemos al Campamento del Amanecer, si miras en la dirección donde se oculta Padre Sol, podrás apreciar las ruinas del antiguo Campamento del Amanecer. -

-Rasul - Dijo Urzo con expresión seria - ¿de qué sirve ser Bailarín del Rayo si con ello no pudo responder a todas sus preguntas? -

Rasul esbozó una pequeña sonrisa.

- Esa, Urzo, es precisamente la clase de pregunta que Jalack se hubiera formulado. Y no he dicho que no recibiera respuesta a sus preguntas. -

Urzo resopló y se giró hacia la noche.
Rasul vió que se había apagado su tabaco.
Con un chasquido de dedos una chispa saltó, danzó un momento sobre su palma y se lanzó al tabaco encendiéndolo de nuevo.






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